viernes, 4 de enero de 2013

Repercusiones del 11 de septiembre en el deporte

La difusión del terror ha sido una práctica recurrente dentro de varios sectores de la sociedad. El deporte está dentro de esas actividades que puede ser blancos de atentados, pues se ha transformado en un importante acontecimiento social, que entusiasma, entretiene y apasiona a millones de seres humanos. Por lo mismo, tiene un enorme aparato comunicacional y publicitario a su alrededor. Cada Mundial de Fútbol, Juegos Olímpicos o competiciones continentales son la posibilidad precisa para aquellos grupos sociales, politicos, económicos y terroristas, que pretenden ganar notoriedad pública.

Los eventos deportivos son escogidos por estas asociaciones del terror, ya que en ellos está la atención y la convocatoria de cientos de personas. Qué mejor que un gran acontecimiento para perpetrar un atentado. porque concitará la preocupación de los estados participantes, espectadores e instituciones internacionales. La promoción de una causa o ideología es el interés principal detras de cada acto terrorista. Las propias delegaciones de atletas que acuden a compromisos continentales se convierten en los blancos predilectos de los terroristas, quienes los puede utilizar como un elemento para ejercer presión a los respectivos gobiernos. 

El 11 de septiembre de 2001 cambió el rostro del deporte en Estados Unidos, porque la sociedad norteamericana varió su percepción acerca de su vulnerabilidad y abrió los ojos a un mundo dsconocido. En la primera semana después de los atentados, competiciones de todo tipo fueron canceladas por temor a que las grandes concentraciones de personas fueran objetivo de los terroristas. 

Cuando se volvió a la normalidad se hizo bajo medidas de seguridad que se aplicaron en todas las instalaciones. Se han redoblado las medidas de seguridad en cada uno de los eentos deportivos que se han realizado. Instituciones que jamás habían alterado sus calentarios (Ligas de béisbol, la NFL...) tuvieron que alargar sus programas, algo sin precedentes en la historia del deporte norteamericano. 

El temor también se hizo eco entre los deportistas, mucos de los cuale se negaron a trasladarse en aviones por temor a ser víctimas de nuevos aeropiratas suicidas. "La última cosa que queremos hacer es tomar un avión e ir a California ahora", dijo entonces Vinny Testaverde, el quarterback de los New York Jets. Otros, jugaron y juegan, con un ojo en el terreno y otro en las gradas. No sólo se siente emor de ir al estadio a jugar, sino a cualquier parte, por lo que hay que recuperar primero el sentimiento de seguridad.  Desde entonces, los estadios se convirtieron en verdaderas fortalezas, con controles rigurosos en los tornos de entrada y ciento de policías y personal de seguridad hasta en las canchas.

Los ataques también evidenciaron la fibra humanitaria de muchos atletias estadounidenses que manifestaron su disposición de ayudar monetaria y moralmente a los familiares de las víctimas. El lanzador de los Diamondbacks de Arizona, Curt Schiling, uno de los puntales que guió a su equipo al título de la Serie Mundial, lanzó la idea de crear un fondo de ayuda para la ciudad de Nueva York con donación de un día de salario de cada jugador. Millones de dólares se han recaudado desde entonces, provenientes de donaciones individuales de los deportistas y organizaciones como las Grandes Ligas, la NFL, la NCAA, la PGA, la fórmula NASCAR, la NHL o la NBA...

A nivel internacional, el "martes negro" afectó igualmente al mundo del deporte, que también registró cambios en su calendario. Corea del Sur y Japón, que tenían que organizar el Mundial de fútbol de 2002, anunciaron su intención de reforzar al máximo las medidas de seguridad. A nivel local las autoridades y el Comité Olímpico Internacional priorizaron el tema de la seguridad en los Juegos Olímpicos de Invierno en Salta Lake City (Utah).

El 2001 queda atrás, con su carga de acontecimientos deportivos de primera magnitud, pero la fecha del 11 de septiembre perseguriá a cada estadounidense como una pesadilla recurrente y será recordada, según palabras del golfista Tiger Woods, como "el día más triste en América".